El cine al desnudo

Hace 20 años…

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06 de noviembre de 2015

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  • CINEMANÍA cumple 20 años.

    ¿Qué estaba haciendo yo hace 20 años? El idiota. Eso a un nivel personal. A un nivel cinéfilo estaba viendo Poderosa Afrodita. Ahora no recuerdo si la vi en los Ideal (supongo que sí), en los Renoir o en los Alphaville. Sí recuerdo que era una tarde de viernes. Debía ser primavera porque recuerdo que hacía sol. Yo por esa época vivía en Leganés con mis padres. Había venido a Madrid solo para ver la película. Anda, pregúntame si me cruzaría ahora media ciudad para ir a ver una película. En los cines de mi barrio, en Parquesur, no ponían las películas de Woody Allen. Allí no había sitio para Woody. Como tampoco lo había para Kevin Smith, Jim Jarmusch, David Lynch, Spike Jonze, Todd Solondz… Todd Solondz. El jodido Todd Solondz. El hombre que acabó con mi inocencia en el cine. Bueno, qué cojones, y en la vida también. Fui a ver Happiness dos veces. Supongo que también en los Ideal. Hubo un tiempo que guardaba las entradas de las películas que iba a ver. A saber dónde estarán esas entradas. Lo más probable en mi antigua habitación de casa de mis padres, escondidas entre las páginas de alguna Playboy de esas que tenían a Erika Eleniak en la portada.

    Happiness me voló la cabeza. ¿Qué cojones era eso? Lefa en la pared, pederastia, mugre, depresión, Philip Seymour Hoffman… Dos veces fui a verla. Las dos en sesión golfa. Creo que la ponían a las doce de la noche. Qué mayor me sentía viendo esta película a esas horas y en ese cine. Y qué puto coñazo era volver luego a casa. Salir del cine a la una y media de la mañana. Ya no había metro, claro. Taxi descartado. No tenía un puto duro. Había que ir andando hasta Cibeles. Allí, si tenías suerte, estaba el Búho. Lo cogías junto con otros mil trescientos habitantes del sur como tú. Nunca había sitio. Siempre me tocaba ir de pie. Hasta Aluche. Allí tenía que coger otro autobús. Casi siempre llegábamos cuando se acaba de marchar. Tocaba esperar una hora hasta que viniera el siguiente. En Aluche. A las tres de la mañana. En invierno. Por fin llegaba el autobús. Te subías. Tampoco había sitio. El trayecto hasta Leganés era interminable. En invierno era un horror. Frío. Adolescentes borrachos. Emigrantes que volvían exhaustos a sus casas. Chicas guapas. Chicos idiotas que iban con las chicas guapas. Empujones. Olor a whisky barato. Por fin llegaba a mi barrio. ¿Acaba aquí la pesadilla? No. Aún tenía que caminar durante 20 minutos para llegar a mi casa. Cuando, tras tres horas de viaje, me metía en mi cama, pensaba “¿Ha merecido la pena?”. La respuesta era siempre la misma: Sí. Había visto la nueva de Woody Allen, joder.

    Ahora, en 2015, se ha estrenado la nueva de Woody Allen y todavía no he ido a verla. Y vivo en el puto centro, a menos de quinientos metros de cualquier cine dónde la estén poniendo. ¿Por qué no he ido todavía a verla? No me apetece. Con la del año pasado me quedé dormido. Qué puta mierda ¿no? Dormirse en una película de Woody Allen. El otro día vi por trigésima quinta vez Sueños de un seductor y no me dormí. La disfruté. Oh sí, nena, como la disfruté. ¿Por qué ya no me haces disfrutar, Woody? Bueno, mira, haz lo que quieras. Me has dado tanta felicidad en todos estos años que dejo que hagas lo que te salga de la polla. Cuando faltes te echaré de menos. Qué coño, mañana mismo voy a ver tu peli nueva. Luego me cabrearé. Y juraré no ir a ver ninguna más, eso sí.

    Pues eso, que en Parquesur no ponían películas de Woody Allen. He mirado en Wikipedia y he echado un vistazo a las películas que se estrenaron en 1995. Los puentes de Madison. Recuerdo que esta sí que la vi en Parquesur. Un domingo por la mañana. Me gustó. Y lloré con la secuencia final, claro, la de Clint esperando bajo la lluvia en el coche. Nadie me había roto todavía el corazón así, pero sabía que lo harían y me estaba adelantando. Qué jodido romántico el viejo Clint. En esa película pasa algo milagroso: Meryl Streep consigue estar sexy. Y lo consigue incluso vestida con ese vestido de pueblerina. Solo con la mirada. Hablando no sé. La vi doblada. En Parquesur, poner una película en versión original hubiera provocado una rebelión. Por tanto no he escuchado nunca el acento polaco que al parecer la Streep pone en la película. De esa película me acuerdo también de Baby, I’m Yours. Cuando Barbara Lewis empieza a cantar esta puta obra maestra… Uf. Si no recuerdo mal la canción suena mientras Francesca prepara el desayuno a su familia. Sirve el café, pone la radio y ¡chas! “Baby I’m yours. And I’ll be yours until the stars fall from the sky…”. Acaba de empezar la película y ya tienes los pelos de punta. Lo que más me flipó en su momento es que hubiera habido una época en la que ponías la radio y empezaba a sonar eso. Por cierto, los Arctic Monkeys tienen una versión de la canción que está de puta madre. Para no dejar este párrafo tan almibarado, tengo que decir que veo ahora los puentes que Robert había ido a fotografiar y me parecen una puta mierda.

    Otras películas que se estrenaron en 1995 y que vi en Parquesur: Sospechosos habituales. No me enteré de nada. El último boy scout. Bruce Willis repartiendo hostias. Peliculón. Apolo 13. Entretenida. Historias del kronen. Nunca podré olvidar la paja que Jordi Mollá le hace a Juan Diego Botto. Y es una putada porque QUERRÍA OLVIDARLA. Así en el cielo como en la Tierra, una especie de segunda parte de Amanece, que no es poco. Tristemente decepcionante. El Juez Dredd. Sin comentarios. Congo. Va de una puta gorila que habla y la hijoputa no calla puta boca en toda la película. Que hija de la gran puta. Rob Roy. No me acuerdo de nada. Two Much. Por desgracia de esta sí que me acuerdo. Banderas interpretando a los gemelos Art y Burt. O Bart y Art. La coleta de Banderas. La PUTA COLETA. El día de la bestia. La peli que lo cambió todo. Ah, que en España se podía hacer ESO.

    Y Antes del amanecer. LA película. Cuando se estrenó Antes del anochecer fui a verla. A los Ideal otra vez. Cuanto habíamos cambiado Céline, Jesse y yo desde 1995… Mientras esperaba a que empezase le película eché un vistazo a la sala. Había estado allí tantas veces. A veces solo. A veces acompañado. Me parecía mentira que ese espacio contuviera tantas partes de mí.

    A finales de los noventa, mientras estudiaba Ciencias Políticas (y faltaba a las clases de Juan Carlos Monedero), escribí el guión de una película con mi amigo Rubén. Lo llevamos a Videomedia. Nos presentamos en recepción y le dijimos al segurata que veníamos a entregarlo. El segurata habló con la recepcionista. La recepcionista llamó a la directora de proyectos…. Que bajó. Era una chica rubia. Guapa. Pelo corto. Muy maja. Más joven seguramente de lo que yo lo soy ahora. Siempre he intentado ser con los que empiezan igual de majo que esa chica fue con nosotros. Lástima no acordarme de su nombre. Le contamos a que habíamos venido. Cogió el guión. Lo cogió. Esto suena ahora a ciencia-ficción. Que la directora de proyectos de una productora coja el guión de dos pringados sin ninguna experiencia. Y lo leyó. Y nos dijo que “no pasa nada, ¿no?”. Pues no. No mucho. Era nuestro primer guión. Seguimos estudiando Ciencias Políticas. Años después empecé a trabajar de guionista. Y luego empecé a escribir en CINEMANÍA.

    ¿Dónde estaremos todos dentro de 20 años? Nadie lo sabe. Lo único seguro es que Woody Allen estrenará película.  

    (La coleta de Antonio Banderas, la puta coleta…).