Fútbol y cine

Gemma Arterton, sangre, petróleo y Charlton Athletic

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03 de mayo de 2013

Bañarse en sangre quizá no le pareció tan extraño. Y no sólo porque ya se remojó en petróleo (o tinta de chipirones) en Quantum of Solace. El equipo de fútbol de Gemma Arterton viste de rojo, y eso, para una inglesita, dulce y pecosa, pero inglesita, debería bastar. La actriz británica, britaniquísima, fue elegida para encarnar a una gloria nacional del cómic como Tamara Drewe, pero antes, en 2008, cuando le echamos el primer ojo, ya tuvo el honor british de rendir homenaje a la escena de la muerte por asfixia dorada de Shirley Eaton en la cama de Sean Connery en aquella gloriosa Goldfinger que encumbró a 007 en el cine.

Chica del mes de mayo en CINEMANÍA, a punto de estrenar Una canción para Marion, con Byzantium de Neil Jordan en la recámara, y tras cambiar caramelos por ballestas en Hansel y Gretel, cazadores de brujas (que ya calienta secuela), Gemma Arterton (Gravesend, 1986) sigue siendo una Addick de tomo y lomo, incluso ahora que su equipo, el Charlton Athletic no está en su mejor momento. Peleando por retornar a la Premier League, desde donde cayó hace unos años hasta la tercera categoría del fútbol inglés (League One), el equipo del Sudeste del Gran Londres lucha casi sin opciones por colarse en la promoción de ascenso desde The Championship (segunda división).


Arterton, nacida en la región de Kent, cerca de la desembocadura del Támesis, al este de Inglaterra, es hincha de este pequeño pero tradicional club desde que su padre la llevaba todos los sábados (rituales de papás divorciados) a The Valley (uno de los estadios con más solera de las Islas, hogar del Charlton desde 1919 –aunque restaurado en 1991–) de pequeña. Pero quizá ni ella misma sepa que tras la sangre y el petróleo, su tercer baño vital es en un océano lleno de fish and chips: ¿De dónde viene el mote de los aficionados del Charlton, los Addicks?

Tres teorías son factibles. Una, que la expresión provenga de Addicts (adictos a su equipo). Dos, que sea una deriva lógica de una parte del nombre del club: Athletics (atléticos). Y tres, la más plausible, que provenga de la historia de aquel pescatero del mismo barrio que antes de la llegada del profesionalismo premiaba a los futbolistas del club con haddock (ese pescado de los mares del norte que aquí conocemos como abadejo) and chips.




 

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