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ESPECIAL CONAN 3 – LAS PELÍCULAS (y más)

19 de agosto de 2011

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  • En aquellos tiempos, cuando los océanos separaron el Atlantis, y surgió el amanecer de los soles de Aries, hubo una época increíble en la que Conan estaba destinado a llevar la joya de la corona de Aquilonia sobre unas tierras en peligro. Sólo los suyos fueron los que muy particularmente pudieron contar su saga. Yo quiero contar todo sobre aquella época de suma aventura…



    Hoy viernes, y coincidiendo con la visita de Ratzinger, Conan llega (de nuevo) a los cines, musculosamente encarnado en Jason Momoa, dispuesto, una vez más, a pisar con sus sandalias los enjoyados tronos de la Tierra.

    Conan, el gran conquistador de reinos no iba dejar que un territorio tan rico como el cine, la tele (y nuevos medios más virtuales) quedasen sin explorar. Bueno, Conan o sus productores y demás propietarios de derechos de explotación.

    A finales de los años 80, pasada la fiebre de las artes marciales, y en pleno arrebato febril de efectos especiales y Guerra de las Galaxias varias, los productores de Hollywood se rompían la cabeza por dar con un proyecto de fantasía y aventuras que atrajera a los espectadores a los cines (y el dinero a las cuentas bancarias) pero que no supusieran arriesgadas inversiones para crear mundos irreales.

    Por aquellos tiempos, un joven Oliver Stone llevaba en su cartera un guión en el que nadie parecía estar interesado: una historia que quería llevar a la pantalla al personaje de moda (más allá de Superman) en los cómics. Conan era un éxito en las calles, y Stone un admirador de sus azañas. Tenía una historia y quería verla en pantalla. Y no pudo tropezarse con nadie mejor que un tal John Milius, recién terminado el rodaje de Apocalypse Now. Mientras que Stone tenía la idea de contar en tres películas la historia de Conan, un guerrero salvaje que termina siendo rey, a Milius lo que le interesaba era la acción pura y dura. Y mientras Stone quería dotar a su personaje de una gran profundidad digna de los relatos originales de Howard, dedicando cada una de las tres películas que tenía en mente a un concepto filosófico y moral distinto, Milius quería… Bueno, violencia, sangre y acero. La verdad es que es extraño que con dos aproximaciones tan dispares llegaran a trabajar juntos sin sacarse los ojos (o iniciar sangrientas batallas a golpe de hacha), pero los dos tenían una cosa clara. La película tenía que ser una superproducción. Algo nunca visto, algo espectacular. Es curioso que ninguno de los dos quisieran que su película se redujera a dos horas de metraje de un musculoso tipo en taparrabos corriendo de aquí para allá con una espada en la mano.

    El proyecto fue pasando de mano en mano. Las grandes pretensiones de Stone y Milius, sumado a la dificultad para adquirir los derechos de los personajes (que estaban repartidos entre distintos editores de libros, Marvel Comics y los herederos legales de Howard), echaron para atrás a muchos estudios. Cuenta la leyenda que a punto de tirar la toalla, Stone coincidió en un hotel con un tal Dino De Laurentiis, que no hacía mucho acababa de producir una adaptación de Flash Gordon de cierto éxito y que se estaba especializando en títulos palomiteros.

    De Laurentiis se emocionó con el proyecto, pero tenía muy claro que si aquello se realizaba con su dinero, también se realizaría a su modo. Lo primero que hizo fue conseguir los derechos de Conan reuniendo por primera (y por última vez, que se sepa) a todos los poseedores de los derechos del personaje. Lo segundo, fue poner a su hija como productora ejecutiva al mando del barco. Y lo tercero, ya que esos locos muchachos de Hollywood querían hacer una gran proyecto, seguro que no les importaba hacerlo con los mejores recursos de “todo a cien” que se pudieran comprar con dinero (esto es, contratar a actores desconocidos y rodar en una país en vías de desarrollo como era España).

    Lo primero que la producción necesitaba era un Conan. Con Stone ya en otras cosas (el guión de El Precio del Poder, entre otras lindezas) y en segunda fila, la película estaba en manos de Milius, que como decíamos antes, en este momento tiene las cosas muy claras: Conan es una bestia parda. Así que para interpretarlo simplemente buscaron al actor más grande que encontraron. Decir actor es algo muy generoso, ya que el único requisito para el papel era no poder entrar por la puerta de la productora, leer el guión de un tirón aunque se marease y firmar el contrato con su nombre sin faltas de ortografía.

    Ahí entra nuestro querido Arnold Schwarzenegger, que de los concursos de culturismo había saltado al mundo de los telefilms y las teleseries en pequeños papeles secundarios (del estilo armario ropero). La oferta para protagonizar una película con un presupuesto abultado fue algo que incluso Arnie comprendía le favorecería en su carrera como actor.

    Mientras se ultimaba el casting, el equipo de diseño y producción tiraba la casa por la ventana y daba forma a una película de corte fantástico como no se había visto hasta el momento. Luego llegaron los recortes de producción y la mano de obra barata y que no habla ni una palabra de inglés ( y que, recordemos, los equipos de rodaje eran españoles, de aquellos tiempos además, y que como bien había sufrido Morricone, tenía su propia manera de hacer las cosas, no siempre respetando las ideas del director). Completado el casting, preparados los sets de rodaje y con la responsabilidad de crear una nueva franquicia de éxito, comenzó el rodaje de Conan: En primer día de rodaje, en una de las escenas en la que Conan es perseguido por unos furiosos perros, uno de los canes desobedece las órdenes de su adiestrador y ataca al pobre Arnie, consiguiendo que se cayera de una roca y tuvieran que darle puntos. No vamos a decir que Arnie lloró como una nena (eso estaría feo) pero sí que se lamentó mucho y que echó en cara al equipo que era la primera vez que algo así le pasaba.

    Aunque nadie murió (que se sepa) durante el rodaje (o por su culpa), sí que hubo muchos heridos. Desde la coprotagonista Sandahl Bergman que se fracturó un dedo durante una duelo de espadas (porque por lo visto nadie encontró las réplicas de goma y se vieron obligados a rodar esa escena con las de metal) a muchos extras que cayeron sobre colchones no demasiado mullidos o que fueron golpeados (siempre en pos del espectáculo y la creatividad cinematográfica) por Arnie. Incluso un caballo resultó herido. A jorge Sánz no le pasó nada.



    Anécdotas a parte, cuando se estrenó la película fue todo un éxito. A pesar de que los fans de los relatos de Howard se echaron las manos a la cabeza (en la historia original los padres de Conan no fueron asesinados, si no que Conan abandonó su pueblo voluntariamente en busca de aventuras, por ejemplo), al público en general le gustó esa enorme aventura salpicada de humor y de emocionantes momentos. Además todavía atesoraba ciertos destellos filosóficos que enriquecieron al personaje y que la salvaron de ser aquella peli de un musculoso tipo en taparrabos corriendo de aquí para allá con una espada en la mano. Lo mejor posible, se entiende.

    Con el éxito, vinieron las secuelas. Ya con Milius y Stone totalmente fuera de escena, las dos películas siguientes fueron degenerando en subproductos, a cual peor, en los que Arnie lucía músculo (incluso en sitios donde no debería haberlos) mientras un elenco de secundarios le reía las gracias (el hecho de que fueran consideradas gracias por las que nadie tuviera que reírse ya dice mucho de la calidad de estas películas). Conan el Destructor funcionó bastante bien, aunque lejos del éxito de su primera entrega y mucho más lejos todavía de lo que sus productores esperaban.

    Olvidado completamente el proyecto original, pero todavía con Arnie ligado por contrato a otra película, se decidió olvidarse de Conan y hacer algo “completamente” distinto. Así se perpetró Red Sonya (“El Guerrero Rojo” aquí en España, que seguimos encabezaonados en ser especiales en esto del cine). Aunque esta guerrera peliroja aparece en los cómics de Conan, realmente es un personaje secundario de otra creación de Robert E. Howard, Solomon Kane, pero esa es otra historia. El caso es que para salvar los trastos y procurando empañar lo menos posible el éxito de las anteriores películas de Conan, se decidió que Arni interpretaría a un guerrero llamado Kalidor (por ejemplo) quien ayudará a Sonya en su aventura. Una producción olvidable en la que el propio Arnie (que ya empezaba a ser una estrella del cine de acción) solicitó que se recortaran en lo posible sus escenas. Cómo sería la cosa como para mover al sonrojo a un actor de la categoría de Schwarzenegger.

    Así languideció Conan en la gran pantalla, mientras otras creaciones de Howard, hermanos de Conan (por parte de padre), también disfrutaron de sus adaptaciones, como Kull El Conquistador o la reciente Solomon Kane (incluso uno de sus criaturas malignas y primigenias, Shuma-Gorath, que Marvel adoptó entre los personajes secundarios de Dr. Extraño, hace una aparición en el juego de lucha Marvel Vs. Capcom 3).

    Con los años, Conan fue adaptado a una serie de animación infantil que poco (muy, muy poco) tiene que ver con el Conan que Robert E. Howard imaginó en sus relatos y una serie de acción a remolque de Hércules y Xena y que casi nadie ha visto (cosa de la que hay que alegrarse).

    Últimamente los videojuegos de Conan han tenido bastante éxito. Una versión para consolas a lo God of War aceptable, y un juego para PC a lo World of Warcraft con muy buena acogida, dan fe de que el personaje sigue vivo. Actualmente los cómics siguen editándose (llevan cuarenta años acudiendo ininterrumpidamente a su cita con los lectores) y en esta época de remakes y reboots cinematográficos varios, Hollywood no iba a dejar pasar la oportunidad de sacar tajada de un mito de la cultura popular.

    Con una estética a lo “300” ciertamente preocupante, y rescatando a Jason Momoa (que ya nos amenaza con haber escrito el guión de la segunda parte) de las producciones televisivas de éxito, Conan el Bárbaro regresa a la pantalla grande (y en 3D, claro) en la que, prometen, es la adaptación más fiel del personaje. Por si acaso, también prometen mucha sangre y tetas, que al final es lo que el público quiere ver en una producción asociada al nombre CONAN.

    Hace unos años, Robert Rodríguez quiso llevar a Red Sonya de nuevo al cine, en las carnes de su chica Rose McGowan, pero tras la ruptura de la pareja, el proyecto desapareció… Aunque Rose tiene un importante papel en esta nueva película. (parte importante en el concepto “tetas” del “mucha sangre y tetas” anteriormente mencionado)

    En cualquier caso, el material original es tan bueno, que Conan, como buen veterano de mil campos de batalla, seguramente sobreviva a todos los embates que se pongan por delante. Hay que dejarse llevar por la furia de este cimmerio, disfrutar de sus películas, y si uno se queda con ganas de más, saltar a los cómics y a los estupendos relatos originales.

    A estas alturas, nadie puede pensar todavía que Conan es sólo un musculoso tipo en taparrabos corriendo de aquí para allá con una espada en la mano, ¿verdad?

     

    Esto es BAZINGA! dónde, como Conan, en estos días también nos dejamos llevar por la fe y la teología.

     

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