El cine al desnudo

Tu amigo el director

Por qué una de las peores cosas que te puede pasar es tener como amigo a un director de cine. Sobre todo si no es un director de cine famoso.

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19 de diciembre de 2013

Ser amigo de un director de cine es lo peor que te puede pasar.

Tu familia y tus amigos normales, esos que son informáticos, viven en Getafe Sector 3 y van a ver La gran familia española, se muestran muy entusiasmados cuándo les dices que conoces a X o a Y. Piensan, bendita inocencia, que ser amigos de X o de Y implica un pasaporte al país de Oz: fiestas, entradas gratis y el teléfono de Sasha Grey.

Error.

Ser amigo de X o de Y supone tener que ir un domingo por la noche a Artistic Metropol a ver alguna puta mierda de corto absurdo a favor de la integración social. Como mucho vas a conseguir el teléfono de Manu Chao.

Domingo. Siete y media de la tarde. Diciembre. Miras por la ventana. Llueve. Un viento huracanado juega con los peleles que no tienen pareja y han tenido que salir a la calle a buscar una. Miras a tu derecha. Ves a tu gato, a tu novia y al disco duro dónde tienes almacenadas treinta y siente series. Suspiras. Eres feliz. Extiendes la mano hacia el mando de la televisión…

En ese momento te llega un whatsapp.

¿Es de ese productor de cine al que le dejaste un guión hace siete meses y medio? No.

¿Es del directivo de televisión al que le dejaste el mismo guión hace cinco meses quitando las escenas en Londres y añadiendo un papel para Resines? No.

¿Es del director de microteatro al que le pasaste el mismo guión hace un mes suprimiendo el papel para Resines y sustituyéndolo por dos personajes femeninos que serían perfectos para las dos camareras del PicNic que llevas intentando trajinarte las tres últimas semanas? Tampoco.

Es un whatsapp de tu amigo EL DIRECTOR.

Te recuerda que ponen su mediometraje, Guancheros, un vivísimo fresco multidisciplinar sobre los últimos guanches de La Gomera, a las ocho en Artistic Metropol.

QUE HIJOPUTA.

Tienes que ir, es tu amigo…

QUE HIJOPUTA.

La táctica de los directores de cine, ya sean incipientes, consagrados, en decadencia o Julio Medem es la misma que la de las sitcoms españolas: dar pena. Sus ojillos miopes, sus enmarañadas barbas, o sus incipientes barrigas cubiertas por grotescas camisetas de superhéroes te están mandando un mensaje… “Quiéreme”.

Así que dejas a tu gato, a tu novia y a tu pantalón del pijama en tu casa y te vas al puto Artistic Metropol. O a la Sala Berlanga. O a la Cinemateca del Matadero. Da igual, siempre están a tomar por culo. Hora y cuarto después sabes dos cosas: que los guanches se extinguieron (Y TE ALEGRAS) y que has perdido setenta y cinco minutos de tu vida que nunca recuperarás.

Entonces viene tu colega y te pregunta qué te ha parecido “el film”. Mientes piadosamente y le dices que te ha parecido “una puta mierda pedante y aburrida y que ojalá se muera entre horribles sufrimientos”. Sonríe. Le da igual. Él ha conseguido lo que quería: estrenar el mediometraje. Ahora a presentarse a todos los Festivales de Cine Solidarios y Multiculturales que haya de aquí a Nicaragua y a ver si cae algo. Con los dos mil euros que le ha sacado al Cabildo Canario ya tiene para pagarse el curso en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba.

Te pregunta si te quedas al cineforum. Le dices que va a ser que no y te vas.

¿Te has librado? No, el próximo domingo OTRO amigo director estrenará alguna otra gilipollez y habrá que ir a algún sitio horrible como Medina del Campo, Sabadell o Lavapiés.

Y es que no hay forma de escapar. Cada dos semanas llega a tu cuenta de correo un email de alguno de tus 2740 amigos “directores”. Te piden que vayas a ver sus pajas mentales. Yo antes decía que sí. Eso era cuándo estaba soltero. Cuando estás soltero siempre tienes que decir que sí a estas mierdas. Te tragas estrenos, preestrenos, prepreestrenos, fiestas de comienzo de rodaje, fiestas de mitad de rodaje, fiestas de final de rodaje… ¿Por qué? Para ver si follas. La peli-corto-web serie-obra de microteatro-pieza para el notodo de tu amigo te la suda. Tú vas a ver si te puedes trajinar a la actriz pelirroja de mirada descarada que suelta frente a la cámara un monólogo de diecisiete minutos en la que narra la violación paterna que sufrió a los dieciséis años.

Otra comedia no, por favor.

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Alberto López (@alberto2) es guionista. Su película favorita es La fiera de mi niña. Odia a Damon Lindelof.