El cine al desnudo

La secuela de ‘Ocho apellidos vascos’

¿Quién iba a pensar que la ecuación ETA + LOS MORANCOS podía tener éxito?

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10 de abril de 2014

El éxito de Ocho apellidos vascos había pillado por sorpresa a todos.

¿Quién iba a pensar que la ecuación ETA + LOS MORANCOS podía tener éxito?

Cincuenta años de terrorismo habían merecido la pena.

“Cago en la puta… ¿Por qué no se me ocurrió a mí?”.

Eso pensaba el 70 % de los productores españoles. (El 30 % restante estaba descargando camiones en Mercamadrid). “Qué pelotazo, joder, qué pelotazo. Y yo metiendo pasta en la siguiente película de Medem. Ay infeliz”. En todas las productoras españoles, en las dos, reinaba un gran bullicio. Se buscaban guiones como la de Borja Cobeaga y Diego San José en todas partes. Se miraba en los cajones con la esperanza de encontrar historias que hubieran pasado desapercibidas en su momento. Se abrían carpetas, se repasaban correos electrónicos no contestados, se llamaba a guionistas… Ninguno podía ir a la reunión. Todos tenían turno de tarde en las empresas de telemárketing donde prestaban sus servicios.

Todos querían repetir el éxito de Ocho apellidos. Fíjate tú, quién lo iba a pensar, con ese título tan soso. Con lo bonito que era Ayer no termina nunca. Y ya ves, no hizo un puto duro. Isabel Coixet tenía que estar revolviéndose en su tumba.

En todas las productoras se recibieron las mismas órdenes: abortar películas sobre la guerra civil. Suspender películas sobre la inmigración. Paralizar películas sobre los desahucios. Temas importantes todos ellos, temas necesarios, pero que ahora mismo no iban a dar ni un puto duro. El cine tiene una función social, por supuesto. Y una responsabilidad política, claro que sí. Pero antes que nada, el cine es espejo de la sociedad en la que se desarrolla. Y el espejo había hablado: quería películas de andaluces casándose con vascas.

Andaluces y vascas… ¿había algo más bonito?

Se llamó a guionistas y se les puso a trabajar. Se pidieron sinopsis, tratamientos biblias… La premisa era clara: historias de andaluces y vascas. “Pero… eso ya está hecho ¿no?” argumentaron algunos inconscientes. “Claro, y se ha demostrado que funciona”. “Pero… ¿la gente va a querer ver lo mismo?”. “QUE ESCRIBAS LA PUTA SINOPSIS, COÑO”.

España había hablado. Y cuándo España habla SE LE ESCUCHA. En el país se vivía el fervor de las grandes ocasiones. El ambiente bullía. Como el día del 12 a 1 a Malta. O como el 18 de julio. Había algo en la atmósfera. Miedo, paro, sida, sí. Pero también ilusión. Y entusiasmo. La primavera de 2014 sería recordada en el futuro tanto como la primavera de Praga. Andaluces y vascas, vascas y andaluces… Euskal Herria y el Estado Español. ETA y la Semana Santa sevillana, el txakoli y el fino, el monte vasco y la estepa sevillana, Arnaldo Otegui y la Macarena…

“¿Y si hacemos lo mismo pero con catalanes?”

Claro, joder, TENÍA SENTIDO. Muy buena idea. ¡Rápido, corre a registrarla! Los catalanes, benditos sean, también tenían derecho a sentirse queridos. Iba a ser más difícil, eso sí, los catalanes no tenían a ETA. Mala suerte. Eso le quitaba fuerza a la película. Sin una amenaza latente, sin el miedo a la muerte, el amor de los dos protagonistas quedaría tan solo en una insulsa historia de amor más. Putos catalanes. Siempre tan finos, siempre tan educados. Puto seny. ¿Por qué no tenían también ellos un grupo terrorista? Así no había forma de hacer comedia.

Dio igual. Se hicieron brainstormings. Cosas graciosas de los catalanes: El caganet, las butifarras, los grupos pop que cantan en catalán, el Forum de Barcelona de 2004, el peinado de Xavi, el ojo de Oriol Junqueras… Poca cosa. Los catalanes no daban tanto juego como los vascos. ¿Y si los unimos? A ver, ¿qué cosas graciosas les podían pasar a un vasco y a una catalana? A ver… Cosas graciosas… Cosas graciosas que le podrían pasar a un vasco y a una catalana… Venga… Algo tiene que haber… Algo…

“¿No tendría más sentido que fuera un madrileño y una catalana?”.

Puto guionista, no le faltaba razón.

Se invirtió en la escritura de nuevos tratamientos la friolera de ochenta y siete euros. Joder con los guionistas, se vendían caros. Daba igual. Había que darse prisa. ¡El momento era ahora! ¡Los españoles, etarras incluidos, estaban yendo al cine! ¡Milagro! No se los podía dejar escapar. Había que darles historias nuevas. Ocho apellidos catalanes. Ocho apellidos madrileños, Ocho apellidos asturianos, Ocho apellidos riojanos, Ocho apellidos watusis…. Ésta tenía buena pinta. La tierna y divertida historia de Mnyenga, una pizpireta muchacha watusi y Mariano, un apocado y cerril percebeiro gallego. ¡La ficción española at its best!

Fuera miedos. Fuera complejos. The time is now.

Se pidió dinero a las televisiones. Todas dijeron que sí. Se contactó con el agente de Dani Rovira. Por este lado no habría problemas. Rovira no se subiría a la parra y no pediría mucho por hacer el remake. Los actores es lo que tienen, que no se les va la olla. Por si acaso se pensaron alternativas: Kiko Rivera aka Paquirrín. Estaría inmenso como chulito madrileño. También funcionaría como asturiano, oscense, navarrico o ceutí. Kiko era un crack. Podía con todo. Amaia Salamanca podría hacer de catalana. También de extremeña, toledana, leonesa o valenciana. Otra crack con una amplia gama de registros. ¿O se decía crackesa? Cuidao, la nueva película no podía perder a las feministas. Ni a los veganos. Ni a Murcia. La cosa marchaba. Se olía a taquillazo. Otro.

Gora España Ta Askatasuna, coño.

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Alberto López (@alberto2) es guionista. Su película favorita es La fiera de mi niña. Odia a Damon Lindelof.

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