Fútbol y cine

5 razones cinematográficas para ver el documental ‘Ronaldo’ (sin ser madridista)

El documental sobre Cristiano Ronaldo descubre aspectos sobre el crack portugués que ni siquiera él intuye. Aquí van 5 motivos para disfrutarlo sin ser ronaldista

Por - 09 de noviembre de 2015

Ronaldo, el documental dirigido por Anthony Wonke que acaba de estrenarse en todo el mundo, es en apariencia un producto para cristianistas y ronaldistas, aficionados puros del Real Madrid y merengues de toda índole dispuestos a confirmar su fe en el futbolista portugués. Incluso, si me apuran, ésta podría ser también una película para muy cafeteros del balompié y alrededores. A su llamada en la cartelera (o en DVD y VOD, que es su principal soporte tras el estreno) podrían acudir incluso, en sentido contrario y en un alarde de forofismo inverso al que tan dado es el hincha balompédico (y más en España, me temo), los antimadridistas o antironaldistas del mundo en busca de emociones fuertes para, finalmente, hacer acopio de argumentos y seguir justificando su odio por Cristiano Ronaldo.

En apariencia, insisto.

Porque Ronaldo es, por supuesto, una película sobre una estrella del fútbol que quiere contar su historia y cree controlar el relato. Pero también es muchas cosas más, sin acabar de ser nunca un documental deportivo. Gracias, sobre todo, a la estampa del filme, bien producido, y a que por varias rendijas se cuelan (y eso no es una casualidad, es pretendido y se intuía ya desde el tráiler de la película) elementos que permiten descubrir otra película dentro de la película, un relato oculto dentro de la historia oficial. O, al menos, que el espectador interprete lo que ve de forma muy diferente a como lo hacen sus protagonistas.

Hay, además, una nueva circunstancia añadida: Cristiano Ronaldo seguramente no contaba con que el estreno de su gran película documental, el filme que él mismo autorizó y con el que colaboró (hasta el punto de condicionar su polémica celebración de gol en la final de la Champions League de 2014) coincidiese con un pobre estado de forma deportivo, quizá el más bajo desde que se consagró como futbolista, además de su peor racha goleadora y de una incómoda situación en el Real Madrid, el club que le ha ayudado a mantenerse en lo más alto los últimos años. Esos vaivenes de la actualidad y el destino también juegan a favor los responsables creativos de la película. Y ellos lo saben. Cualquier elemento ajeno puede hacer que veamos nuevos detalles, lecturas diferentes, en las imágenes e incluso más allá de las imágenes, allí donde ni siquiera Cristiano imaginaba que podría dejar de controlar su discurso de deportista ejemplar y padre amantísimo.

Aquí van 5 argumentos de calado cinematográfico que hacen que merezca la pena echar un vistazo a Ronaldo, el documental.

1. Un documental sobre Ronaldo autorizado por el propio Ronaldo tiene sus riesgos. De credibilidad y de límites de acción para los cineastas. Es el personaje el que decide hasta dónde se implica y qué va a dejarnos ver. Pero una vez cuentas con la presencia del protagonista y con su círculo de confianza (a diferencia de lo que ocurrió en el documental sobre Messi que dirigió Álex de la Iglesia –una ausencia del jugador que provocó el enfado del director, que sabía que se le limitaban mucho las posibilidades–) es en los márgenes de lo autorizado donde se juega la película. Anthony Wonke, director norteamericano de la película, lleva 20 años dirigiendo documentales, viene de seguir tropas estadounidenses en Siria, de plasmar una batalla contra los talibanes de las fuerzas occidentales, de retratar el asedio policial a un edificio de tráfico y consumo de crack en Illinois y de contarnos la historia del desastre de la plataforma petrolífera Alpha Rig en 1988 (167 muertos). No parece un tipo que se deje impresionar por las directrices de Cristiano Ronaldo. Lo mismo pasa con el productor Asif Kapadia, cineasta de categoría, director de dos joyas del género documental como Senna y Amy. Si en Amy necesitaba la aquiescencia de los familiares de la artista, incluido el padre, que queda retratado en el filme como un auténtico desalmado (sin que probablemente ni él mismo se dé cuenta); también en Ronaldo hay hueco creativo para despistar al protagonista de la película. Donde Cristiano ve un profesional que adora su trabajo, nosotros vemos un tipo obsesivo hasta el exceso; donde Ronaldo ve a un padre preocupado y cariñoso con su hijo, puede reconocerse a un hombre con carencias afectivas por la ausencia de su padre que se excede en el mimo y transmite su propia ansiedad a su hijo (“Si no te portas bien, no me van a dar el balón de Oro”), donde CR9 ve un hombre que persigue su sueño (los Balones de Oro), los futboleros clásicos podemos ver un tipo egoísta que no valora lo importante en el fútbol, los trofeos colectivos. Lo bueno y lo no tan bueno, mezclado y agitado. Y así hasta cien. Wonke, Kapadia y compañía han hecho su trabajo desde dentro y las dobles lecturas corresponden al espectador. Pero ellos han logrado que estén ahí para el que quiera verlas. Ésta no es (sólo) una película a mayor gloria de una figura del fútbol. No es la película que Cristiano querría ver sobre sí mismo si fuera un poco más allá de lo que está ante sus narices.

2. Si es cierto que Alfred Hitchcock dijo que no había que hacer películas con animales ni con niños (ni con Charles Laughton), debe de ser una norma sólo aplicable al genio del suspense, porque el hijo de Ronaldo es una mina. Todas las escenas con su hijo de la película aportan verdad (perdón por la cursilería). Imposible que el chaval actúe o interprete un papel controlado por su padre o su familia. Me imagino la cara de los responsables de la película cuando Cristiano Ronaldo les dio la noticia: “¡Ah, ¿que lo que quieres sobre todo es aparecer con tu hijo en la intimidad en la película para demostrar lo buen padre que eres? ¡Haremos el esfuerzo!”, debieron de decir con media sonrisa pícara. Carreras con su padre, entradas y salidas del cole, abdominales en pareja, desayunos macrobióticos, la búsqueda del Lamborghini desaparecido… De todos esos momentos sacamos perlas.

3. Mención aparte merece la escena con Messi en la antesala de recibir el tercer Balón de Oro de su carrera. La aparición del futbolista argentino, en una estampa relajada desconocida de ambos rivales, no sólo lleva al bloqueo al hijo de Ronaldo, sino que descubre una relación ajena al ruido mediático en la que el portugués parece extrañamente relajado. La película, y eso honra a CR7 tanto como a los responsables del filme, indaga en la rivalidad de Ronaldo con Messi, y no oculta ni el pulso ni que ese pique es el motor de su voracidad.

4. La inclusión de Jorge Mendes, una suerte de padre político de Ronaldo, en el documental (aunque parezca que es en la sombra, es una sombra muy luminosa), es otro de los grandes aciertos de la película. Su discurso después del balón de oro es una de las interpretaciones más patéticas que se recuerdan, pero incluso esa impostura, es oro molido. Su estampa, pegado al auricular del móvil, entre la sonrisa impostada y el abrazafarolismo, unida a su continua demostración de poder en el mundo del fútbol, es puro cine. amén del mejor alter ego posible en la realidad del Ari Gold (interpretado por Jeremy Piven) de la serie (la película no tenía un pase) El séquito (Entourage).

5. La familia de Cristiano compone el retablo ante el que se mueve este maestro de ceremonias que sólo quiero serlo sobre el terreno de juego. Es el hábitat buscado por la estrella, su remanso de paz, el búnker en el que reposa el guerrero. Pero hay tres presencias, el lado oscuro de la fuerza familiar, que acaban imponiendo un extraño influjo sobre el futbolista que el filme acaba por agrandar. Como si tal cosa, y he ahí otro de los méritos del montaje: no se hace circo con ello. Cae por su propio peso. La figura del padre, alcohólico, fallecido de cirrosis cuando Cristiano ya triunfaba en el Manchester United, capitaliza esa inquietante influencia, que se proyecta en el hijo pequeño. La estampa de la madre también es capital, no sólo porque reconoce que Ronaldo era un hijo no deseado (ese es uno de los titulares buscados de la película), sino porque vive la profesión de su hijo con más tensión (y medicinas) incluso que el propio futbolista. Por último, su hermano Hugo (las hermanas aparecen siempre de fondo) ex alcohólico siempre a la sombra de su hermano, responsable de su museo en Madeira: la cámara no se equivoca jamás al escoger los planos de un hombre que parece siempre apesadumbrado, incluso en los momentos alegres. Siempre en penumbra, como con una nube sobre su cabeza, es otro de los argumentos para concluir que más allá de las apariencias, este documental deja grandes detalles en los márgenes de la imagen de una estrella del fútbol mundial.

 

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