[Opinión] El verano de la censura: ¿sobrevive la Inquisición en las redes sociales?

Prohibición de 'Lo que el viento se llevó', debate por el título de 'Diez negritos', boicot contra 'Confederate' antes de empezar a rodar... Así ha sido el verano de la censura.

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06 de septiembre de 2017

Cuando en la Antigua Grecia apareció el monstruo Tifón, los dioses del Olimpo se disfrazaron de animales y huyeron a Egipto, aterrorizados. De la misma manera, los inquisidores y censores que en el pasado tacharon páginas completas de El amante de Lady Chatterlay y borraron de las pantallas de cine españolas el beso entre Kim Novak y James Stewart en Vértigo no murieron con los regímenes que pretendieron defender, sino que vistieron nuevos hábitos y se abrieron una cuenta en Twitter. Repasando sus últimos ataques, da la impresión de que la primera ficha del dominó ha caído: cada vez son más los que intentan que el arte tropiece con los palos de la moral.

La semana pasada tuvimos lo del cine de Memphis, Tennessee. En Memphis más del 60% de la población es de raza negra, y para no herir su sensibilidad el propietario del Orpheum decidió retirar Lo que el viento se llevó de la programación. “Lo que el viento se llevó no es más que otro monumento a los confederados”, escribió en la New York Magazine un periodista. La película de Fleming siempre ha despertado las protestas de la comunidad afroamericana, pero necesitará sus diez Oscars para protegerse a golpes de la retorcida censura moderna.

Algo parecido sucedió ya en Francia el pasado mes de julio. En el canal TMC echaban Diez negritos, y la cantante Lââm publicó un tuit protestando contra el título del film por racista. “Boicotead a TMC”, pidió la artista, que en otra ocasión ya se quejó del postre de chocolate conocido en Francia como “tête de nègre” (cabeza de negro). “La palabra negro no debería utilizarse en televisión para divertir al público”, dijo.

Lo cierto es que la famosa novela de Agatha Christie en que se basa el filme ha cambiado de nombre varas veces por ese mismo motivo. En países como Reino Unido o España hoy se edita como Y no quedó ninguno, el último verso de la canción que inspira los asesinatos de la Isla del Negro, y que empieza así: “Diez negritos se fueron a cenar; uno se asfixió y quedaron nueve”. Antes, los infortunados protagonistas de la macabra nana se convirtieron en indios y la novela se publicó en EE UU con el título de Ten Little Indians. Ahora la canción habla de soldados, y por si Lââm fuera, hablaría solamente de individuos: “Diez individuos sin distinción de sexo ni raza, se fueron a cenar; todos se aburrieron hasta la muerte y no quedó ninguno”.

Más novedosa en la historia de la censura es la polémica suscitada por Confederate, el nuevo proyecto de los guionistas de Juego de tronos. En Confederate se cuenta la historia de lo que habría sucedido en EE UU si los confederados hubiesen vencido a la Unión en la Guerra de Secesión; una distopía en la que los estados del sur logran separarse de los del norte dando lugar a una nación en la que la esclavitud sigue siendo legal y ha evolucionado en una institución moderna.

Lo novedoso de este caso es que la censura se ha adelantado a la propia serie, que no empezará a rodarse hasta que termine Juego de tronos. April Reign, la activista que organizó la campaña #OscarsSoWhite para denunciar el racismo de la Academia, impulsó una nueva contra Confederate en cuanto se enteró del proyecto.

El hashtag era #NoConfederate, que los detractores de la futura serie debían usar en Twitter mientras en la HBO se emitía el capítulo de Juego de tronos del 30 de julio. El público moderno no solo se ha vuelto más susceptible, sino también más rápido. Ni siquiera se ha visto un fotograma de Confederate y ya se pide su cancelación.

Sorprendente también resultó lo sucedido en España con la película Ligones, cuyo machismo denunció su propia actriz protagonista con motivo de su estreno en cines en julio. “La película está plagada de machismo, y perpetúa, desde el minuto uno, esa imagen de los hombres cazadores, que sólo quieren carnaza y las mujeres locas, inseguras y que les va la marcha”, publicó Teresa Lozano en su cuenta de Facebook.

En una de las escenas de Ligones, uno de los personajes masculinos mantiene sexo con el de Lozano mientras la chica está inconsciente. “Es denigrante y peligroso mostrar ese tipo de conductas violentas con las mujer e intentar legitimarlas mediante la comedia”, escribió la actriz. Sin embargo, el cine no es el Boletín Oficial del Estado. Una película, o una serie de televisión, está bien hecha o está mal hecha. Eso es todo.

La lista es interminable: muchos espectadores de Juego de tronos cargaron contra la HBO por la cruda escena de la de la violación de Sansa Stark, tanto a Woody Allen como a Lena Dunham se les ha acusado de racistas por no mostrar personajes de raza negra en sus obras y no cuesta mucho trabajo pensar en un futuro tan oscuro como el que pinta Confederation en el que las películas de Tarantino acaben prohibidas. Que las feministas como Lozano aún no se hayan levantado en armas contra las películas de Almodóvar es un verdadero milagro.

Yo prefiero imaginar que pronto llegará el día en el que este tipo de polémicas resulten tan ridículas como hoy nos parecen aquellas señoras rezando a las puertas del teatro donde se representaba Jesucristo Superstar. Si pudiesen oír como se ríe el futuro de ellos, dejarían de armar tanto escándalo.

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