[Goya 2016] Isabel Coixet: “Me gustaría ser hombre, es más práctico”

Con motivo de los Premios Goya 2016 recuperamos del archivo CINEMANÍA las entrevistas que realizamos a los nominados a Mejor Dirección.

Por
27 de noviembre de 2015

Foto: César Segarra.

Dos mujeres solas en la noche polar. Deberían odiarse por culpa de un hombre y, sin embargo, sobreviven juntas gracias a él. Juliette Binoche es Josephine Peary, la esposa del famoso explorador empeñado en llegar al Polo Norte. Rinko Kikuchi es Allaka, la esquimal que la protegerá de la noche infinita. Hace veintiséis años Isabel Coixet dirigió su primera película y pensó que sería la última. Hoy presenta Nadie quiere la noche, su filme número trece, la otra cara de la conquista y el rodaje más duro de una carrera que ella misma define como una montaña rusa.

¿Tan duro fue el rodaje?
Sí. Rodamos en Noruega. Hacía mucho frío y nos caíamos constantemente de las motos de nieve. La niebla lo cubría todo, los guías se perdían… Pero lo más difícil, lo que más me preocupaba, era que cuando nos trasladásemos al estudio consiguiésemos mantener ese espíritu de frío, dureza y nieve. Me angustiaba mantener la credibilidad de la historia. Digamos que durante ese rodaje dormí muy poco.

Esta es la tercera película que diriges con guión ajeno. ¿Es más fácil cuando el guión es tuyo?
Mucho más fácil. Yo tengo mucho respeto por el escritor. Cuando leí el guión de Miguel Barros me pareció increíble, no lo quería tocar pero al mismo tiempo llega un momento en el que hay que cambiar y cortar; cosas que en papel te parecen espléndidas, la realidad del set te hace cambiarlas.

¿El guión de The Bookshop, tu próximo proyecto, lo escribiste tú? ¿En qué momento estás del proceso?
Sí, es mío. Se ha retrasado el rodaje a marzo.

Este oficio tiene mucho de alimentar la paciencia…
Pero mucho. Cuando me dicen que “este año has estrenado dos películas” me hace mucha gracia. Es que Aprendiendo a conducir me ha llevado ocho años. Y esta, tres y medio.

Volviendo al guión de Nadie quiere la noche, es una historia muy femenina escrita por un hombre.
Es una historia que cuenta la otra cara de la conquista, la de las mujeres que se quedan detrás y cómo influyen en los hombres que van en cabeza. Lo ha escrito un hombre y lo he dirigido yo, así que, ¿por qué hablar de si somos hombres o mujeres? Estoy un poco cansada del feminismo, del neofeminismo… Me vienen preguntando lo mismo desde el inicio de mi carrera y yo quiero hablar de cada película en concreto. No quiero hacer una tesis sobre… Pues sí, soy mujer. Qué le vamos a hacer. Yo siempre digo que a mí me gustaría ser un hombre, simplemente porque es mucho más práctico. Por ahorrarme un montón de disgustos absurdos, por evitar comentarios ridículos. Por ejemplo, en el caso de esta película… Leí en medios prestigiosos cosas como: “Y a quién le importa la mujer de Robert Peary, lo importante era él”. Bueno, lo importante en la vida es lo que tú creas que merece la pena ser contado. Yo esta película la suscribo fotograma a fotograma y espero que la gente se quiera apuntar a esta aventura. Aunque a veces como director piensas… Toda esta gente que pasea por la Gran Vía con el palito de selfie y vestidos de zombies… ¿pueden conectar con lo que yo hago? ¿Pueden tener la paciencia de sentarse y ver mi película sin mirar el móvil?

 

“Mi primera película fue fallida. Me metieron en un saco del que me costó salir siete años. Pensé que nunca volvería a hacer cine”.

 

Esto no te lo preguntaste con Mi vida sin mí, tu película más exitosa, la que encontró un público con mayor facilidad.
Las cosas cambian constantemente. Soy consciente de esto. Pero, por otro lado, yo siento de una manera salvaje que tengo que ser fiel a mí misma. Ya lo decía Robert Peary: “Cuando no encuentras un camino tienes que crearlo”. A veces sí que me siento así, creando un camino nuevo. Me hubiese gustado que las cosas hubiesen sido más fáciles. La sensación de que en cada proyecto tienes que ir contra el mundo. Empezando por Cosas que nunca te dije. El guión lo leyeron todos los productores españoles y no le gustó a ninguno. Y bastantes americanos. Hay cosas que para uno son evidentes y que los demás no terminan de ver ni siquiera cuando están hechas. Con esa película tuvimos la suerte de que entró en la sección Panorama del festival de Berlín. Podrían no haberla seleccionado y yo seguiría haciendo publicidad.

¿De dónde sacas las fuerzas cuando te rechazan?
A mí me han rechazado tantas veces… Yo he tenido una carrera que es como una montaña rusa. Durante un rato tienes la sensación de que todo el mundo te quiere pero es que a los cinco minutos ya te están criticando. Es curiosa también la diferencia entre países. Mi vida sin mí, por ejemplo, fue odiada en EE UU. Sin embargo, en Europa y en Asia gustó mucho. También hubo críticas de Nadie quiere la noche que salieron después de Berlín que me hirieron especialmente. Estas cosas son así. Dos días estás jodido. Dos o tres días y a veces te despiertas a las tres de la mañana y en tu cabeza pasan como una instalación de Jenny Holzer todas las cosas malas que han dicho sobre ti. Pero luego te levantas y a seguir.

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¿Cómo se desenvuelve una estrella como Juliette Binoche en unas condiciones de rodaje tan duras?
A ella eso le da igual. Nunca se quejó de nada y eso que rodó en unas condiciones que una actriz de Hollywood… no sé yo. Te estoy hablando de que no teníamos baño. El baño era un cubo con una bolsa de basura. Eso era el baño.

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Volviendo a lo que decías de que te hubiese gustado que las cosas fuesen más fáciles, al repasar tu carrera da la sensación de que una cosa te llevó a la otra. Del periodismo pasaste a la publicidad y de ahí al cine. ¿Fue la publicidad tu escuela de cine?
La filmoteca, ir al cine y la publicidad, sí. Piensa que yo al primer rodaje de publicidad al que fui, cuando todavía trabajaba en una agencia y no rodaba anuncios, fue de un spot del Banco de Bilbao en el que trabajaba John Alcott, el director de fotografía de 2001: Una odisea del espacio. El hombre era muy mayor y estaba perdiendo la vista. Iluminaba y ponía la cara delante del foco. Luego trabajé con Vittorio Storaro, Ed Lachman…

¿Te costó dar el salto de trabajar en la agencia a dirigir sus spots?
No. Estaba trabajando para un producto de Freixenet. Había que hacer un spot, era un producto marginal y no había tanto dinero. Yo me propuse para dirigirlo, había escrito el guión y dije que me veía capaz. Me dieron la oportunidad.

¿Y el salto al cine? ¿Desde cuándo pensabas en ser directora?
Llevaba varios años pensándolo. Muchos años. Yo tuve una suerte que al final no fue tanta suerte. Hice mi primera película el último año en el que estaba vigente la ley Miró, que era una ley que apoyaba las óperas primas. De hecho, el año que yo hice la mía se hicieron 64. De aquella época seguimos haciendo cine tres personas; entre ellos, Enrique Urbizu. Y mi ópera prima, Demasiado viejo para morir joven, fue un desastre.

¿Por qué fue un desastre?
Fue un caso clásico de algo que se ha dado mucho en el cine español. Productores que piden una subvención para una ópera prima de una chica y que como ya han ganado dinero produciéndola se desentienden. Y lo del fracaso viene a cuenta de ese sentimiento tan femenino, que a las mujeres para que se nos respete un poco tenemos que hacer diez veces los méritos de un hombre. Seguro que luego dirán que soy una exagerada pero mi experiencia ha sido esa. Mi primera película fue fallida. Tenía cosas malas pero también muy buenas. Me metieron en un saco del que me costó salir siete años. Siete años en los que hice publicidad y en los que pensé que nunca volvería a hacer una película. Caí en una depresión. Pasaba delante de un cine y me ponía a llorar.

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¿Consideras que has tenido mala suerte con los productores?
A mí me encantaría encontrar un buen productor. Por ejemplo, Agustín y Pedro [Almodóvar] me produjeron dos películas y les estoy muy agradecida. Me hubiese gustado tener un aliado. Una de las cosas que más admiro de Fernando Trueba es su mujer. Tener a alguien que cree en ti pase lo que pase, que te apoya, que busca financiación para tus películas… Yo he ido a salto de mata con cada una de ellas.

Volviendo al tema de la mujer, ¿por qué crees que hay menos mujeres directoras?
Es un cúmulo de cosas pero la primera de todas es que somos nuestras peores enemigas. Nos exigimos mucho, hasta más de lo que convendría. Está bien exigirse pero nos pasamos muchísimo. ¿Tú crees que a algún director de cine le han preguntado alguna vez: “Oye, y cuando ruedas, ¿qué haces con tu hija?”. Yo llevo 18 años contestando a esa pregunta. Pues mira, yo con mi hija he hecho lo que he podido en cada momento. En A los que aman me la llevé al rodaje, que ni siquiera andaba… Luego tengo que oír lo de que mis personajes son heroínas y mujeres fuertes… El subtexto claramente es: “Claro, tú sólo sirves para hacer películas para tías a las que les gusta Jane Austen”.

En Ayer no termina nunca contabas la España de la crisis más profunda. ¿Han cambiado las cosas desde entonces?
No. Y creo que no vamos bien y que merecemos algo mejor. Encima yo soy de Barcelona, con lo cual tengo doble coñazo.

¿Te tratan distinto desde la columna que publicaste en El País?
Muchos me dijeron que estaban de acuerdo conmigo y otros me insultaron. Me encantaría decir algo más profundo. Amigos míos se han sentido decepcionados porque he dicho que la independencia me da pereza. Pues es que me da pereza. Me gustaría sentir otra cosa, pero eso es lo que siento. No me parece algo práctico independizarse, me parece que tenemos otros problemas más graves. Si vamos a salir a la calle a pelearnos que sea por algo que merezca la pena. Yo no me siento oprimida por España, vamos, tan oprimida por España como por el Parlamento europeo, como por Merkel o por la banca internacional… Pero este victimismo de “España nos roba y nos oprime” me parece lo que es, una cortina de humo para ocultar los problemas de verdad.

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