7 consejos para que Robert Downey Jr. gane el Oscar

Con 'El juez', el actor más 'cool' del mundo vuelve a llamar a las puertas de la Academia. Le soplamos unos consejos para que no se le pase el arroz.

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22 de octubre de 2014

Estimado Robert Downey Jr.sabemos por lo que estás pasando, y nos ponemos en tu lugar. Porque eso de ser uno de los actores más brillantes de tu generación, de contar con un fandom entregadísimo y de quedar, a cada paso que das, como uno de los individuos más cool del planeta Tierra resulta insignificante cuando se constata que la Academia de Hollywood sigue pasando de ti en lo que respecta al reparto de estatuillas. Sí, sabemos que El juez podría suponer tu pasaporte para los Oscar 2015: con suerte, este drama familiar y judicial dirigido por David Dobkin te granjeará tu tercera nominación y, en el mejor de los casos,  te hará subir al estrado para recoger un ‘hombrecito’ como Mejor Actor Principal. Pero seamos sinceros: hasta ahora, el filme ha brillado por su ausencia en las quinielas de nominados, y si las predicciones se cumplen todo parece indicar que te espera un batacazo similar al que padeciste en 2009, cuando El solista no se llevó ni una mísera candidatura.

Pero todavía hay esperanza, Robert: anticipándonos a futuros movimientos en tu carrera, en CINEMANÍA hemos elaborado esta somera guía con todos los ingredientes de una película ‘caza-Oscar’. O, como decís vosotros en EE UU, del ‘Oscar bait’, un término con historial ilustre (su primer uso registrado tuvo lugar en una crítica de Fort Apache, el clásico de John Ford) y que, con el tiempo, ha pasado a designar aquellos filmes que parecen concebidos para atraer los votos de los académicos desde el primer borrador del guión hasta los últimos detalles del márketing. Claro que ninguna fórmula es perfecta, y que un abuso de estos estilemas puede hacer que los ‘hombrecitos’ acaben pasando de ti. Pero, oye, siempre es mejor intentarlo  que quedarse sentado esperando al Oscar honorífico…

La fecha de estreno importa (y mucho)

Cuando repasamos las primeras predicciones para los Oscar 2015, nos dimos cuenta de que muchas de las cintas favoritas aún no se habían estrenado. ¿Por qué? Pues porque al período que va de octubre a diciembre no se le llama la “temporada de Oscar” por nada. Según marca la tradición, lanzar un filme al mercado de EE UU durante el último trimestre del año (pero siempre antes del 31 de diciembre) asegura que los académicos lo tengan más fresco en la memoria, y que por tanto se lo piensen menos a la hora de darle su voto. Esta costumbre, dicen, comenzó allá por 1978, cuando los productores de El cazador constataron que la película era demasiado lóbrega como para convertirse en un blockbuster: ante tal papeleta, los expertos en márketing decidieron otorgarle al filme de Michael Cimino un estreno limitado que asegurase su participación en los Oscar, lanzándolo a lo grande sólo después de haberse anunciado esas nueve nominaciones que se saldarían en cinco trofeos dorados. Atraído por el prestigio asociado a los Premios de la Academia, el público acudió en masa para ver cómo Christopher Walken Robert De Niro jugaban a la ruleta rusa en Vietnam. Valiéndose de una artimaña similar, ese rey de la artimaña oscarizable llamado Harvey Weinstein consiguió convertir en un fenómeno a El discurso del rey: la película que le daría su Oscar a Colin Firth tuvo su estreno definitivo el día de Navidad de 2010, casi un mes después del lanzamiento limitado de rigor y después de haberse cubierto de prestigio crítico en festivales como Telluride y Toronto.

Metraje grande, ande o no ande

El año pasado, en plena temporada de premios, nos hicimos eco por aquí de una noticia sorprendente: por primera vez en muchos años, la duración media de un filme oscarizable había disminuido en lugar de aumentar. Porque, aun sin llegar a los extremos exigibles si uno quiere optar a la Palma de Oro en Cannes (ahí quedan las tres horas largas de La vida de Adéle para demostrarlo), uno de los tópicos asociados a las estatuillas indica que, si tu filme no supera la modesta hora y media, ya te puedes ir olvidando de optar a uno de los premios gordos. Según apuntó en aquella ocasión la web Vultureesta tendencia llegó a su apogeo en 2012, cuando la duración media de las nominadas a Mejor Película alcanzó los 213 minutos, pero contaba con precedentes tan ilustres como Ben Hur (212 minutos, 11 Oscar), Titanic (194 minutos, 11 Oscar) y West Side Story (152 minutos, 10 Oscar), por no hablar de El Señor de los anillos: El retorno del rey, cuyos 201 minutos de duración (en la versión estrenada en cines) acaparararón 11 ‘hombrecitos’. Dejando de lado la convicción de que las vejigas de los académicos son mucho más resistentes que las del resto de los mortales, uno puede apuntar que, también en los Oscar 2013, Gravity se llevó siete trofeos pese a durar 91 minutos. Recordemos, no obstante, que la mayoría de esos Oscar correspondieron a categorías técnicas y que, aunque Alfonso Cuarón fuera aclamado como Mejor Director, el Oscar a Mejor Película fue a parar a 12 años de esclavitud, un trabajo que, además de contar con la baza de la corrección política, cifraba su duración en 134 minutos de nada…

Minorías y minusvalías salen a cuenta

Gracias a los estudios de rigor, somos conscientes de que Hollywood sigue siendo racista, y que además sus productos siguen pecando de homofobia. Pero, aunque la próxima edición de los Oscar pueda pasar a la historia como la más blanqueada de las últimas décadas, no cabe olvidar una ley inapelable: las películas centradas en los sufrimientos de minorías étnicas o sexuales, así como de personas aquejadas por enfermedades graves o minusvalías, tienen posibilidades por encima de la media, especialmente en lo referido a sus actores. Basta con recordar casos como los de Tom Hanks (cuyo nombre, gracias a Forrest Gump Philadelphia, es prácticamente sinónimo del tópico), Daniel Day-Lewis (Mi pie izquierdo), Russell Crowe (Una mente maravillosa), Sean Penn (Mi nombre es Harvey Milk) Leonardo DiCaprio, que le debió la primera de sus cinco nominaciones a un papel de disminuído psíquico en A quién ama Gilbert Grape (1994). También podemos remitirnos a ejemplos recientes como la propia 12 años de esclavitud (la cual, por más que le pese a Gary Oldmanes un peliculón con todas las letras) o a la más discutible Criadas y señoras. Pero, aun así, mucho ojo: no es sólo que, como recordaba el propio Robert Downey Jr. en Tropic Thunder, ponerse en plan “retrasado total” pueda ser peligroso (véase cómo le fue a Sean Penn con Yo soy Sam), y que este arquetipo asegure más las nominaciones que las victorias, como prueba el sonado batacazo de Spielberg con El color púrpura. También hay que contar con que, a ojos de la Academia, algunos handicaps son más atractivos que otros (caso de John Hawkes Las sesiones) y que, para colmo, según un estudio estadístico publicado por la American Sociological Review en 2009, el perfil de la cinta con menos posibilidades de llevarse un Oscar es el de “película independiente con director negro”. Saque cada uno la conclusión que quiera…

Ponte a dieta, o engorda

Una vez más, debemos recordar que estamos hablando de tópicos, más que de certezas absolutas: si no fuera así, Christian Bale se habría quedado sin espacio para tanto Oscar en la estantería. Pero, ¿recuerdas a qué filme le debe el genio galés su única estatuilla hasta el momento? Exacto: a The Fighter, película que le deparó un trofeo al mejor secundario, y en la que lució su legendaria habilidad para quedarse en los huesos. Bale se sumaba así a una lista cuyo ejemplo más sonado fue aquella Charlize Theron que ganó kilos y se cubrió de maquillaje para Monster, y en la que también figuran George Clooney (que engordó la friolera de 15 kilos para Syriana), Natalie Portman (cuyo peso durante el rodaje de Cisne negro rayó en unos magros 43 kilos), el Matthew McConaughey de Dallas Buyers Club (otro adelgazamiento intensivo, saldado esta vez en la pérdida de 21 kilos) o el rey absoluto de la especialidad: ese Robert DeNiro que acumuló 27 kilos sobre su cuerpo serrano para exponer la decadencia de su personaje en Toro salvaje. En todo caso, todos estos papeles les sirvieron a sus actores y actrices para cumplir sus sueños, aun a costa de convertir sus físicos en la pesadilla de un nutricionista.

Risas, las justas

Dado que Robert Downey Jr. obtuvo su segunda nominación (y última, hasta el momento) mediante un título tan descacharrante como Tropic Thunder, resulta irónico sentenciar esto. Pero es la pura verdad: una de las fórmulas más seguras para ahuyentar los votos de los académicos es dirigir o protagonizar una comedia. Según recuerda AMC Filmsite, sólo seis películas adscribibles a este género se han llevado el trofeo a Mejor Película: Sucedió una noche (1934), Vive como quieras (1938), Siguiendo mi camino (1944), Tom Jones (1963), El golpe (1973) y, en 1977, Annie Hall. A las cuales habría que sumar comedias negras, o dramas con un punto de humor, tales que El apartamento American Beauty. En lo tocante a las categorías dramáticas, el panorama es similar: casos como el de Helen Hunt y Jack Nicholson (Mejor, imposible), Kevin Kline (Mejor Actor de Reparto por Un pez llamado Wanda en 1989), Kevin Spacey (American Beauty) o la propia Diane Keaton por Annie Hall quedan más como excepciones que como normas. Así pues, y con todo nuestro respeto por Kirk Lazarus y el sargento Lincoln Osiris, está claro que si Downey quiere hacerse con la estatuilla de una puñetera vez haría bien renunciando a los chistes: a la Academia le gusta, ante todo, el drama, y eso no sólo excluye casi totalmente a la comedia, sino también al cine de género en un sentido amplio. Aunque siempre hay excepciones…

¿Quieres hacer época? Haz ‘una de época’

Sumando a lo ya dicho que la Academia tiene una notoria predilección por los biopics y por  los dramones ‘de interés humano’, ¿con qué nos encontramos? Pues con que hacer una película ambientada en tiempos pretéritos sigue siendo un pasaporte casi seguro hacia la nominación: las ya citadas 12 años de esclavitud, Titanic El discurso del rey quedan como ejemplos recientes, así como Shakespeare in Love, pero si retrocedemos en el tiempo tenemos casos tan señeros como Ben Hur, Lo que el viento se llevó (ocho estatuillas en 1939), Un hombre para la eternidad (seis premios, 1967), My Fair Lady, Amadeus, Memorias de África, Bailando con lobos, Braveheart y muchas, muchísimas otras. Por extensión, este estereotipo afecta también al drama bélico, como prueban Patton, Lawrence de Arabia Salvar al soldado Ryan, aunque esta se quedara sin la estatuilla a la Mejor Película. Y, cuando se juntan una situación bélica con un escenario truculento de privaciones y miseria… pues tenemos el Holocausto. Relatar las atrocidades nazis sirvió para que Spielberg y Roman Polanski (cineastas ambos sin muchos partidarios en la Academia, aunque por razones muy distintas) recibieran sendos ‘hombrecitos’ debido a La lista de Schindler El pianista, respectivamente, así como para que Kate Winslet (El lector) triunfase de una vez como Actriz Principal, y para que Sofia Loren exclamase el nombre de “¡Roberto!” (Benigni) al entregar a su compatriota uno de los tres Oscar que ganó La vida es bella.

Tanto tienes, tantos Oscar vales

oscar_2015

Finalmente, recordemos algo que siempre hay que tener presente: en la carrera hacia los Oscar no sólo cuenta la calidad de las películas, sino también el dinero que distribuidoras y productoras invierten en promocionarlas de cara a la Academia. Recordemos que la importancia de los ‘hombrecitos’ no sólo está en el prestigio que proporcionan a sus ganadores, sino también en su manera de alargar la vida comercial de un filme y de aumentar su recaudación en una media de 10,5 millones de euros, amén de incrementar el caché de su reparto. Y tengamos presente también la acusación de Kevin Smith: según el gordo de Nueva Jersey, mover toda la maquinaria que hará conscientes a los votantes de que tu película existe, y de que merece sus votos, te saldrá por un mínimo de 20.000 euros. Un mínimo muy mínimo, porque en las llamadas Oscarnomics se manejan cantidades de verdadero vértigo en lo referente a fiestas, contratación de anuncios en prensa y TV, alquiler de salas de proyección en el Condado de Los Ángeles… Dado que los ingresos de Robert Downey Jr. no son precisamente menguados, suponemos que podrá rascarse el bolsillo y echarle una mano a la campaña de El juez. Pero, vistas las sumas que hace falta desembolsar para pintar algo en estos premios, sospechamos que incluso él lo tendría difícil para cuadrar cuentas.

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