Las 10 mejores escenas de cine en gravedad cero

¿Tienes miedo de marearte siguiendo a Clooney y Bullock en 'Gravity'? Apúntate a este cursillo de flotación que te pondrá en orbita con tus estrellas favoritas. Por YAGO GARCÍA

02 de octubre de 2013

Liberarse del abrazo de la madre Tierra, dejar de sentir nuestro propio peso, desplazarse girando por el éter… La verdad es que, sobre el papel, eso de la gravedad cero parece prometedor, pero según los que saben en la realidad no es ninguna bicoca: los conceptos de “arriba” y “abajo” dejan de tener sentido, el mareo es algo inevitable y, para colmo, las consecuencias a largo plazo sobre el organismo humano pueden ser algo desagradables. A lo cual hemos de sumar algo más: reproducir estas condiciones en el plató de una película es un engorro supino. Pese a todo ello, esta semana tenemos una ración de todo ello en Gravity, la película de Alfonso Cuarón con George Clooney y Sandra Bullock que se ha ganado elogios del mismísimo James Cameron y que promete ser un hito del cine espacial. Y, por si eso fuese poco, nos separa poco menos de un mes para el estreno (1 de noviembre) de El juego de Ender, otro filme en el que la cosa antigravitatoria tendrá un protagonismo acusado. Así las cosas, ¿cómo nos íbamos a resistir a ofreceros un informe como este? Ajustaos los cascos, y preparaos a flotar con nosotros…

Con destino a la luna (Irving Pichel, 1950)

Aun sin menospreciar otra película que seguro que te estás imaginando (tranquilo, hablaremos de ella en el siguiente apartado), este trabajo de serie B merece ocupar el primer puesto en nuestro informe debido a su valor pionero. Sin andar sobrados de presupuesto, pero con la ayuda del escritor Robert A. Heinlein (Starship Troopers), los autores de Con destino a la luna se tomaron muy en serio su intención de retratar un posible viaje fuera de la Tierra, todo ello 11 años antes de que la URSS pusiese en órbita a Yuri Gagarin. Como puedes ver en el vídeo, la jugada les salió bien: pese a los cascos con forma de pecera y los decorados de cartón piedra, el filme fue el primero en representar con cierto realismo las condiciones de ausencia de peso. Gracias a ello, y a un cortometraje introductorio en el que el Pájaro Loco explicaba los fundamentos científicos de la cosa, Con destino a la luna se convirtió en un pequeño gran éxito.

2001: Una odisea del espacio (S. Kubrick, 1968)

El genio del Bronx y su socio, el escritor Arthur C. Clarke, querían que su representación futurístico-astronáutica (y con monolitos) fuera lo más verosímil posible. De modo que la ausencia de gravedad, junto con los esfuerzos para simularla, ocupaba un lugar muy importante en ese objetivo: desde que una azafata con zapatos de velcro atrapa el bolígrafo flotante del doctor Floyd en la lanzadera espacial, el espectador observa una plétora de escenas para la que se emplearon multitud de trucos (especialmente, decorados rotatorios) y entre las que destaca el footing de Keir Dullea dentro del casco esférico de la Discovery. Eso sí: los movimientos de los actores en las secuencias ambientadas en la luna no tienen en cuenta el bajo poder gravitatorio de nuestro satélite. Lo cual, bien mirado, sirve para recordar que ni siquiera Kubrick podía controlarlo todo.

Barbarella (Roger Vadim, 1968)

Mientras Clarke y Kubrick manoseaban tratados de física, cibernética y otras disciplinas sesudas, el salidorro director de …Y Dios creó a la mujer aplicaba las cosas de la gravedad-cero a otros ámbitos menos abstractos. Concrétamente, Vadim pretendía que los varones del patio de butacas sintiesen ganas de manosear a esa Jane Fonda galáctica y sicalíptica, cuya encarnación del personaje comiquero de Jean-Claude Forest arranca con un striptease orbital de los que no se olvidan. Poniéndonos tiquismiquis, avisamos de que las piezas de ese modelazo (cortesía de Paco Rabanne) resultarían bastante peligrosas al dejarse llevar por la inercia. Pero, la verdad, viendo el panorama, cómo vamos a acordarnos de eso.

Moonraker (Lewis Gilbert, 1979)

Vale, estamos de acuerdo en que el garbeo de James Bond por la órbita terrestre no es precisamente su mejor aventura, que Ian Fleming controlaba más bien poco los estilemas de la ciencia-ficción y que, por entonces, Roger Moore estaba ya muy arrugadito para vestir propiamente el traje espacial. Pero hay un momento de este filme que ocupa un lugar de honor en la saga de 007, y no se trata de la antológica batalla espacial a laserazo limpio. Nos referimos, por supuesto, al momento en el que nuestro espía favorito y su compinche Lois Giles echan un armonioso kiki flotante y televisado en directo: mientras M no cabe en sí del bochorno, el equipo técnico de la misión acoge la escena con alborozo, y Q (siempre a lo suyo) observa el himeneo con curiosidad científica.

Locademia de conductores (Neal Israel, 1985)

Efectivamente: estamos ante otro acto sexual en ausencia de peso. Y perteneciente, también, a una película no muy lucida, ya que los guionistas de Loca Academia de policía patinaron al llevarse su fórmula al tráfico rodado. Pero el encuentro de John Murray y una Jennifer Tilly que casi debutaba en pantalla grande nos demuestra varias cosas. A saber: que en la Tierra también puede haber lugares sin gravedad (aunque sea en la ficción), que las condiciones físicas alternativas resultan muy sugerentes para las cosas del ñogo ñogo (véase el momento en el que la ropa de los protagonistas se pone a hacer guarrerías por su cuenta) y que cuando preparas una escena así más te vale currarte los efectos especiales, porque si no los espectadores se llevarán la impresión de un trucaje más falso que Judas.

Superman IV: En busca de la paz (S. J. Furie, 1987)

Todavía en territorios ochenteros, y sin salir de la categoría “tan malas que molan”, es nuestro deber fijarnos en la última ocasión en la que Christopher Reeve vistió la capa y las mallas del kryptoniano. Aunque le abochornara grandemente, esta despedida también le permitió protagonizar dos momentos para el recuerdo: el primero, ese vacile en un gimnasio del cual ya dimos cuenta hace poco. El segundo, su ‘formidable’ enfrentamiento con el Hombre Nuclear en los cráteres de la luna. Aquí sí hay algo de gravedad (aunque poca: algo más de un dieciseisavo de la terrestre), pero con tanta cámara lenta, tanto cable mal puesto y tanta cara de sobreesfuerzo por parte del mazas Mark Pillow, casi que nos da igual: como escena de acción, tal vez quede algo floja, pero como comedia no tiene precio.

Los Simpson (serie, 1989-…)

En 1994, durante el capítulo de la cuarta temporada Homer en el espacio exterior, la longevísima serie nos demostró algo que siempre habíamos sospechado: el encuentro entre el marido de Marge, una bolsa de patatas fritas (“¡Cuidado, son onduladas!”) y un entorno en ausencia de peso es más destructiva que la Estrella de la Muerte, y también mucho más divertida. Si a ello sumamos otros detalles para el recuerdo, como la ingestión de chips al ritmo de El Danubio azul, el cameo del cantautor James Taylor y esa colonia de hormigas espaciales peleándose por ver quién es la reina, tendremos una escena que nos deja tan pasmados como una lata de cerveza Duff bebida, bien fresquita, en plena órbita.

Apolo 13 (Ron Howard, 1995)

La frase que esta película ayudó a popularizar, aquella de “Houston, tenemos un problema”, pudo haber sido pronunciada sin problemas por Tom Hanks, Kevin Bacon y Bill Paxton sin necesidad de guión. ¿Por qué? Pues porque, para rodar algunas de sus escenas en gravedad cero, Ron Howard les hizo subirse a un aeroplano Boeing KC-135, modelo empleado por la NASA para preparar a sus astronautas desde los años 50, y que por ello se ha ganado el expresivo apodo de “Vomit Comet”. Los actores sufrieron de lo lindo durante los viajes, acumulando más horas de vuelo en baja gravedad que cualquier astronauta, pero se consolaron pensando que podría haber sido peor: Howard trató de persuadir al organismo astronáutico de que le dejase rodar a bordo de una auténtica lanzadera espacial.

The Uranus Experiment II (J. Millerman, 1999)

uranus_experiment_silvia_saint

Efectivamente: aquí tenemos nuestra tercera escena de sexo en gravedad cero. Sentimos ser machacones con el tema (uy…) pero es que este da para muchísimo. Y además, a diferencia de otras producciones que han mostrado affaires por el estilo (Supernova o Cube 2: Hypercube, por ejemplo) aquí estamos ante una auténtica película porno. Rodando en un avión a alta velocidad, igual que los chicos de Apolo 13, las estrellas X Silvia Saint y Nick Lang dispusieron tan solo de 20 segundos para consumar la penetración, rodando el resto de la escena (que siempre negaremos haber visto) con métodos más convencionales. Es decir, simulando flotar de aquella manera mientras hacían sus cositas. Por cierto, el filme contó con The Prodigy y Massive Attack como compositores de su BSO, y fue nominado al muy exquisito Premio Nebula de ciencia-ficción.

Origen (Christopher Nolan, 2010)

Ya hemos visto que la ausencia de gravedad también puede producirse dentro de la atmósfera terrestre, siempre que medien una serie de condiciones. Como, por ejemplo, que todo transcurra dentro de un sueño (el del rico heredero Cillian Murphy, por ejemplo) y que la acumulación de niveles oníricos, según esas reglas nolanianas que no entiende ni Michael Caine, más el vaivén de un avión y la caída de una furgoneta hagan que el pasillo de un hotel gire sobre sí mismo a alta velocidad. Lo sabemos, todo es muy complicado, pero a resultas de tanto lío dentro y fuera del plató, incluyendo un decorado rotatorio y la construcción de un pasillo vertical, tuvimos una de las mejores escenas de acción de la historia reciente del cine. Y eso ya es algo, ¿no? 

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