El cine al desnudo

No hay que cerrarse puertas

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06 de septiembre de 2016

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  • Extracto de la conversación mantenida entre la psiquiatra E.M.O y su paciente V.S.W. El paciente, del que mantendremos su anonimato, es trabajador del medio audiovisual.

    Paciente: Mi vida se ha convertido en un infierno.

    Doctora: ¿Por qué?

    P: Las menciones.

    D: ¿El qué?

    P: Las interacciones en las redes sociales. Los tuits. Los retuits. Los estados de Facebook. ¡Los corazoncitos en Instagram!

    D: Entiendo.

    P:  Vivo en una tensión constante. Por ejemplo: ayer. Un amigo mío estrenó una película. Lo anunció en Facebook, claro. Colgó una foto en la terraza de su ático: “Mañana estrenamos. ¡Sueño cumplido!”. Sonreía como un estúpido. A los cinco minutos la mitad de mis contactos ya había compartido su estado.

    D: ¿Qué sintió usted?

    P: Lo normal en estos casos: Ira. Envidia. Rencor. Odio. Asco.

    D: Ya veo.

    P: También rabia. Pero de buen rollo ¿eh?

    D: ¿Qué hizo usted?

    P: Me pasé toda la mañana mirando la pantalla, decidiendo si compartía o no el estado.

    D: ¿Estaba usted enojado?

    P: Quería ir a la terraza y borrarle esa estúpida sonrisa a guantazos.

    D: Pero no lo hizo.

    P: No lo hice.

    D: ¿Qué es lo que hizo?

    P: Le di un corazoncito a su estado.

    D: ¿Qué sintió?

    P: Una total y absoluta falta de respeto por mí mismo.

    D: ¿Se odiaba por legitimar la felicidad de sus amigos?

    P: Primero le di al pulgar. Una aprobación irónica y distante. Pero el subtexto estaba claro: su chabacano y grotesco exhibicionismo me parecía fuera de lugar.

    D: ¿Por qué quitó entonces el pulgar y puso el corazoncito?

    P: Antes del corazoncito puse el smiley.

    D: ¿Por qué quitó el smiley?

    P: Me dio miedo que mi rechazo hacia su “éxito” fuera demasiado evidente. Es alguien poderoso en la industria. No estoy loco. No quiero cerrarme puertas.

    D: ¿Qué mensaje pensó que transmitía con el smiley?

    P: Que era un bufón. Un botarate con suerte. Un arribista sin ningún talento.

    D: ¿Sin ningún talento?

    P: Bueno, sí, uno. Su capacidad de chupar po…

    D: No hace falta que sea tan explícito.

    P: Perdón.

    D: Así que apostó por el corazoncito. ¿Qué le hizo cambiar?

    P: El sentido común. El que no tuve el otro día.

    D: ¿Qué pasó?

    P: No retuiteé el estreno de la serie de un compañero.

    D: Eso es grave.

    P: Lo sé. “Hoy por mí y mañana por ti”. Pero no pude hacerlo.

    D: ¿Por qué?

    P: Porque la serie me parece una puta mierda. Tengo una responsabilidad con mis 123 followers. Tengo unos códigos morales.

    D: Entiendo.

    P: Bueno, y también porque el hijoputa no accedió a hacer una cosa conmigo.

    D: ¿Sexo?

    P: No. Hace unas semanas le pedí que grabase un pequeño teaser para promocionar un microteatro que estoy haciendo. Me dijo que no. Que estaba muy liado.

    D: ¿Es usted rencoroso?

    P: Para nada…

    D: Bien.

    P: … Pero si depende de mí, ese hijoputa no vuelve a trabajar en su puta vida.

    D: Volvamos al corazoncito.

    P: Ya eran las cuatro de la tarde. Todo Facebook había compartido el estado. Sabía que él me observaba. Es astuto. No se le escapa una.

    D: ¿Qué cree que estaba pensando él?

    P: Que no le felicitaba por envidia. Que me estaba consumiendo en mi dolor.  Que mi autocompasión por su éxito iba a reconcomerme las entrañas.

    D: ¿Se sentía usted así?

    P: Sí… Pero de buen rollo.

    D: Entonces puso el corazoncito.

    P: Después de hacerlo tuve que ir a vomitar.

    D: ¿Tanto dolor le supone el éxito de un compañero?

    P: Usted no lo entiende. ¡Él me sacó una vez de un hilo de Twitter!

    D: Explíquese.

    P: Él estaba teniendo una conversación en Twitter con un productor y un crítico de televisión. Yo entré para aportar mi granito de arena Y ME SACÓ DEL HILO.

    D: Quizás consideró que usted se entrometió en una conversación que no le concernía.

    P: ¿De qué lado está usted?

    D: Siga, por favor.

    P: Me volví loco. Quería hacerle unfollow, bloquearle…

    D: ¿Lo hizo?

    P: No. No quería enfadarle y que no me invitara al estreno de su película. Me gusta su hermana. Y sé que ella va a ir a la fiesta. Ella no me interesa en términos sexuales. Me interesa porque es la mano derecha de uno de los directivos de Movistar. Quiero que este directivo conozca mi trabajo. Y para ello necesito a la hermana. Y para ello necesito ir a la fiesta. Y para ello tengo que fingir ante este gilipollas que me alegro de que se estrene su mierda de película.

    D: Todo parece muy complicado.

    P: Lo es. Es un juego de suma cero.

    D: ¿No estará usted exagerándolo todo?

    P: ¿Ha oído hablar de la Roma de los Borgia? Pues peor.

    D: Volvamos al corazoncito…

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